QUINTA
SEMANA:
ROL
DEL DOCENTE EN LA FORMACIÓN DE VALORES
La sociedad actual exige cada
vez con más agudeza la presencia de profesionales competentes, no sólo
capacitados de manera óptima en conocimientos, técnicas y habilidades, sino
también formados en actitudes, aptitudes y valores que lo hagan un ser
útil, productivo y formativo dentro de su entorno. En ese sentido, "la calidad en la formación de
un profesional no sólo depende del currículo universitario, sino
también de los intereses y valores que regulen su actuación profesional… El amor a la profesión, la responsabilidad, la honestidad constituyen valores
esenciales reguladores de la actuación de un profesional competente." (González, 2000).
Los valores son en sí mismos un despliegue de los seres humanos, por
tanto, tienen un carácter individual; sin
embargo, por el mismo hecho de ser un actor social, el ser humano adquiere
ciertos valores establecidos en la sociedad en la que vive.
Cada individuo muestra de manera diferente
sus valores a través de manifiestos concretos, desde valores sociales como la igualdad, la justicia, el respeto, la socialización o la convivencia,
hasta los valores afectivos como autoestima, autonomía,
responsabilidad o planificación. Los seres humanos
asumen de manera distinta cada valor y lo asimilan, interiorizan y
aplican de acuerdo a su formación y construcción personal dentro de la
sociedad y de la relación con su medio. Las condiciones histórico - sociales
que le toca vivir a cada individuo marcan un rumbo en el establecimiento de los
valores.
Por ello, la educación de valores en el nivel superior es un tema complejo de abordar, pues se
enfrenta a sujetos con una formación previa que muchas veces viene trastocada
por realidades familiares disímiles, que van desde hogares disfuncionales hasta
falta de modelos paternos. Los
conceptos personales referentes al amor, el respeto, la confianza, la amistad o la
responsabilidad, por citar sólo algunos, suelen ser muy dispersos y volátiles,
hasta cierto punto relativos e inconsistentes, lo que hace aún más complicada
la aplicación de estrategias formativas de
valores.
Si bien la educación superior constituye un difícil escenario para la formación de valores,
no está exenta de generar las condiciones para diseñar las estrategias
necesarias en el afán de consolidar un perfil profesional coherente con
nuestros tiempos. Las exigencias del mercado laboral tienen que ver con
actos responsables y consecuentes con el desarrollo humano y social del hombre. Por ello es que las
autoridades y docentes de la educación
superior deben elevarse a un sitial que los coloque como ejemplos y modelos de conducta para los estudiantes.
Enseñar con el ejemplo se hace más necesario que nunca. Esta realidad
exhorta a los docentes a preparar estrategias pedagógicas para que los procesos de enseñanza – aprendizaje sean eficaces y
eficientes, pero sobre todo trascendentes
Yslado
(2003) plantea algunos criterios para diseñar un plan
estratégico que permita realizar un trabajo
consciente en la formación de valores. Es preciso indicar que estas propuestas
son especialmente enfocadas en el nivel de educación
superior:
·
Propiciar una metodología que
facilite el entendimiento y la ayuda mutua, a través de la interacción didáctica.
·
Generar un
aprendizaje significativo, como proceso motivador hacia la reflexión y vivencia
de los valores con una mayor autonomía del alumno.
·
El alumno debe
construir su aprendizaje de valores, gracias a una persona mayor que lo trate
bien, respetuosamente y le permita sentir y pensar acerca de los valores.
·
Resulta trascendente,
generar experiencias de reforzamiento continuo ante las conductas que
manifiesten la práctica de valores en el aula.
·
Es vital un cambio en
la actitud
docente al asumir la enseñanza de los valores, reflejando una mayor conciencia e identidad plena
con su tarea y su profesión.
·
Es indispensable en la
educación de valores, saber priorizar lo emocional, evitando esa insensibilidad
que trastoca los valores y desmotiva su adopción y
práctica.
·
Una labor previa de
desarrollo y optimización de la inteligencia
emocional es una condición previa para la efectividad de un programa en la
educación en valores.
·
Fomentar el aprendizaje
interactivo y experiencial de las circunstancias, creando oportunidades de análisis,
distinción y opinión ante contenido valóricos.
·
Generar actividades
de tipo creativo como "torrente de ideas", solución de problemas y proyectos
innovadores que faciliten el desarrollo de la inteligencia intra e
interpersonal en los educandos.
La
concepción y aplicación de esta estrategia supone cambios profundos en el diseño
curricular y su materialización en el proceso docente, en el que el estudiante
asume un rol protagónico en su formación, lo que exige del profesor un
cambio en el sentido de la tarea educativa, en sus concepciones y actitudes
hacia el hecho educativo.
Desde
el punto de vista metodológico se distinguen tres momentos de la estrategia en
el proceso docente: planificación, ejecución y control
No hay comentarios:
Publicar un comentario